Meditación vs berrinches: una técnica de respiración ayuda a los niños a manejar sus emociones

Meditación vs berrinches: una técnica de respiración ayuda a los niños a manejar sus emociones


Con ejercicios sencillos que pueden hacerse desde los cinco años, especialistas aseguran que es posible mejorar la relación de niños con los padres.

Tanto los niños como los adolescentes tienen una enorme carga de energía que muchas veces no se encauza en las direcciones esperadas. Este factor colabora con el aumento de conflictividad en la convivencia escolar y los síntomas más representativos se manifiestan como: falta de atención y concentración, dificultad para relacionarse con sus padres, abulia y depresión, trastornos del sueño, entre otros.

Los primeros días de inicio del ciclo escolar, suele volverse todo un desafío hacerlos «volver a la disciplina» y entrar en ritmo con la nueva rutina, los horarios, la tarea, dormir temprano, y todo lo que implica el fin de las vacaciones.

Se sabe que existen herramientas para el manejo de las emociones negativas. Pues esas técnicas también pueden adaptarse para el mejor manejo de los conflictos que pudieran afrontar niños y adolescentes. Existen técnicas de respiración, clases de yoga y juegos didácticos que se pueden aprender a partir de los cinco años.

«Un chico que aprende a meditar está más consciente de lo que le pasa, tiene más poder sobre sus propias emociones negativas. Y además, posee los instrumentos necesarios para que cuando alguien lo moleste, por ejemplo, y que eso no lo saque de su eje -explicó Sofía Godio Baez, instructora de yoga y respiración de la Fundación El Arte de Vivir-. Cuando al niño le sucede algo que no le agrada, pierde la concentración y se angustia. Entonces, esa emoción comienza a dominarlo y afecta todo lo que tiene que hacer: estudiar, prestar atención en clase, llevarse bien con los hermanos, etc».

Al igual que ocurre en los adultos, si el niño no sabe cómo manejar lo que le está sucediendo, nada de lo que tenga que hacer, podrá hacerlo eficientemente, ni de forma centrada. «Lo fantástico de aprender este tipo de técnicas y practicarlas desde tan chicos es que lo asimilan instantáneamente y nunca más se lo olvidan», destacó Godio Baez.

Ejercicios para hacer en casa

«Los ejercicios varían de acuerdo a la edad. Hay que tener en cuenta que un niño no medita como un adulto. Por ejemplo, un chico cuando medita quizás se mueve y está con los ojos abiertos. Entonces, primero hay que entender eso y no querer que se comporten como los mayores porque ellos llegan a espacios de relajación a otra forma«, puntualizó la especialista, quien hace más de 10 años da cursos para niños, adolescentes y adultos.

«En el momento en que a un niño le agarra la rabieta o los nervios, la vergüenza o el miedo, cuando surge esa emoción negativa, el primer paso es que cierre los ojos y se fije en qué parte del cuerpo está esa emoción, dónde se manifiesta», comenzó a explicar Godio Baez. Y agregó: «Por ejemplo, si está enojado porque se peleó con su hermano será buen consejo preguntarle ¿dónde lo sentís? En la panza. ¿Y qué sentís en la panza? Siento un fuego, siento las manos apretadas, etc».

Se trata de un ejercicio de auto-observación para que ellos mismos detecten esa emoción negativa. «Una vez que la identifican, se les dice que respiren hondo, que llenen la panza de aire y luego lo larguen lentamente (no se les suele decir ‘inhalar y exhalar’ porque son palabras que no entienden cuando son niños)»

«Ese ejercicio es recomendable que lo hagan varias veces hasta que consigan relajarse. Si bien es una práctica que se hace durante toda la vida, si la realizan desde pequeños, se naturaliza -insistió la experta-. El objetivo es que aprendan a observar dónde está la emoción y cómo se manifiesta en el cuerpo. Este ejercicio lo puede realizar desde un niño de cinco años hasta un adulto».

Y tras resaltar que «para poder incentivar a los niños a que hagan ese tipo de ejercicios, primeramente los padres deben identificar los momentos adecuados para realizarlos y tener una práctica previa para eliminar su propio estrés«, Godio Baez explicó que «un padre estresado es difícil que puede usar esa técnica».

«Cabe recordar que una mente sin estrés es una mente más atenta, creativa y disponible», agregó.

Otro ejercicio para tener en cuenta son los saludos al sol, una secuencia de yoga muy buena que además de tener todos los beneficios de yoga, también gasta energía y se trabajan todos los músculos del cuerpo. Entonces el niño se cansa y cuando el cuerpo se cansa, la mente se aquieta y puede observar.

«Lo que pasa muchas veces con los chicos es que no se cansan lo suficiente, entonces toda esa energía extra se transforma en enojo, violencia, en comer demás o en no comer. Luego de los saludos al sol, pueden quedarse acostados en un espacio tranquilo y eso para ellos es una meditación, además se les puede poner música tranquila de fondo», recomendó.

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